Nuevos fósiles denisovanos hallados en China ayudan a revelar cómo eran estos enigmáticos humanos antiguos
Un equipo internacional identificó nuevos restos denisovanos en el suroeste de China usando proteínas antiguas. El hallazgo amplía el mapa conocido de este linaje humano y aporta el primer hueso del antebrazo atribuido con seguridad a los denisovanos.

Los denisovanos siguen siendo uno de los grupos humanos más misteriosos de la prehistoria. Durante años, los científicos han sabido de su existencia gracias a unos pocos restos y a la información genética recuperada en Asia. Ahora, una nueva investigación suma piezas muy valiosas a ese rompecabezas: cinco fósiles identificados como denisovanos en la cueva Bianfu, en el suroeste de China. El hallazgo no solo amplía el mapa conocido de este antiguo linaje humano, sino que también ofrece nuevas pistas sobre su anatomía.
El estudio, publicado en la revista Nature, fue dirigido por Huiyun Rao y colegas. Para encontrar estos restos, el equipo examinó más de 60 000 fragmentos óseos de la cueva y combinó observación anatómica con técnicas de proteómica, es decir, el análisis de proteínas antiguas conservadas en huesos y dientes. Gracias a ello identificaron dos fragmentos de hueso parietal, un fragmento de radio y dos dientes que pudieron atribuirse a denisovanos.
¿Quiénes fueron los denisovanos?
Los denisovanos fueron un grupo humano emparentado con los neandertales y con nuestra propia especie, Homo sapiens. Sin embargo, a diferencia de otros linajes humanos, durante mucho tiempo su registro fósil fue extremadamente escaso. Antes de este estudio, los restos identificados con seguridad fuera de la famosa cueva de Denisova, en Siberia, eran muy pocos: una mandíbula y una costilla halladas en la meseta tibetana, una mandíbula de la zona del estrecho de Taiwán y un cráneo casi completo encontrado en el noreste de China.
Ese vacío fósil es importante porque los estudios genéticos muestran que los denisovanos dejaron huella en poblaciones humanas actuales de Asia y Oceanía. Por eso, regiones como el suroeste de China son especialmente relevantes: podrían ayudar a entender mejor por dónde se dispersaron estos grupos y cómo se relacionaron con otros humanos antiguos.
Una cueva clave en el suroeste de China
La cueva Bianfu, situada en Yunnan, ya era conocida por su riqueza arqueológica. Allí se habían recuperado miles de restos animales, herramientas de piedra y varios dientes humanos. Los depósitos culturales del sitio abarcan aproximadamente entre 190 000 y 70 000 años atrás, y las capas donde aparecieron los fósiles identificados como denisovanos se sitúan, según el modelo cronológico del yacimiento, entre unos 167 000 y 134 000 años.
Para localizar posibles restos humanos entre tantos fragmentos, los investigadores no podían analizarlo todo al detalle desde el inicio. Primero hicieron una preselección anatómica de 22 piezas candidatas y después aplicaron ZooMS, una técnica que utiliza proteínas del colágeno para detectar qué huesos podrían pertenecer a homininos. El paso siguiente fue un análisis proteómico más completo para confirmar su identidad.
Cuando el ADN no aparece, las proteínas hablan
Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es que los científicos no lograron recuperar ADN antiguo de los tres huesos recién identificados. En lugar de eso, recurrieron a las proteínas preservadas en los fósiles. Ese enfoque permitió confirmar que las muestras pertenecían al género Homo y, después, asignarlas específicamente a los denisovanos.
La clave estuvo en una variante diagnóstica hallada en la cadena de colágeno COL1A2 R996K, presente en los cinco especímenes estudiados. Además, los árboles filogenéticos construidos con las secuencias proteicas situaron a las muestras de Bianfu junto a otros restos denisovanos conocidos. En otras palabras, aunque no hubiera ADN utilizable, las proteínas ofrecieron evidencia suficiente para sostener la identificación.
Los dos dientes aportaron otro detalle curioso: las proteínas del esmalte indicaron que ambos pertenecieron a individuos masculinos. Es un dato pequeño dentro del conjunto del estudio, pero muestra hasta qué punto estas técnicas pueden extraer información biológica incluso de restos muy antiguos.
El primer radio denisovano identificado
Quizá la pieza más importante del hallazgo sea el fragmento de radio, un hueso del antebrazo. Hasta ahora, el registro denisovano casi no ofrecía huesos largos diagnósticos, algo que limitaba mucho las reconstrucciones sobre su constitución física, sus movimientos y sus adaptaciones biomecánicas. Los autores señalan que este es el único radio denisovano identificado hasta la fecha.
El análisis sugiere que perteneció a un individuo adulto o casi adulto. Su morfología mostró una combinación interesante de rasgos: algunas características recuerdan a los neandertales, mientras que otras se acercan más a las de los humanos modernos. Esa mezcla llevó a los investigadores a proponer que los denisovanos pudieron presentar un patrón anatómico propio, con adaptaciones funcionales diferentes a las de otros grupos humanos antiguos.
Un sitio crucial para comprender a los denisovanos
El estudio concluye que la cueva Bianfu se convierte en una localidad denisovana de primer orden. De hecho, los autores indican que, por la abundancia de restos, el yacimiento se sitúa solo por detrás de la cueva de Denisova en Siberia. Además, llena un vacío geográfico importante entre otros hallazgos dispersos por Asia.
El equipo también plantea que esta región pudo funcionar como un corredor de dispersión entre la meseta tibetana, el este y el sudeste de Asia. Aun así, los científicos son prudentes: aunque los nuevos fósiles amplían claramente el registro denisovano, todavía faltan más restos y, sobre todo, más evidencia genética para saber con precisión cuántas poblaciones denisovanas existieron y cómo contribuyeron al legado genético de los humanos actuales.
Una nueva pieza del rompecabezas humano
Los denisovanos siguen siendo enigmáticos, pero hoy lo son un poco menos. Este estudio demuestra que la paleoproteómica puede rescatar información valiosa allí donde el ADN ya no sobrevive y, al mismo tiempo, confirma que el suroeste de China fue una región clave en la historia de estos antiguos humanos. Cada nuevo fósil no solo ayuda a ubicarlos en el mapa: también acerca a los investigadores a una pregunta mayor, la de cómo de diversa fue realmente la humanidad en el pasado.







